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Hoy en día los videojuegos forman parte del ocio de la mayoría de los niños y adolescentes. Jugar con amigos, descubrir nuevos juegos o relacionarse a través de Internet no tiene por qué ser un problema. De hecho, para muchos niños es una forma más de divertirse y compartir tiempo con otros.

La preocupación suele aparecer cuando los videojuegos empiezan a ocupar demasiado espacio en su vida. Hay niños que dejan de interesarse por otras actividades, discuten constantemente cuando tienen que apagar la consola o parecen necesitar jugar para sentirse tranquilos o evitar el aburrimiento.

En estos casos, más que preguntarnos cuántas horas juega, conviene preguntarnos qué está encontrando en los videojuegos que le resulta tan difícil dejar.

Adolescente jugando a un videojuego con auriculares en su habitación mientras utiliza un ordenador y un mando de consola.

Los videojuegos forman parte del ocio de muchos niños y adolescentes. Lo importante no es únicamente el tiempo de juego, sino el lugar que ocupan en su vida y cómo influyen en su bienestar.

¿Cuándo puede convertirse en un problema?

No existe un número de horas que permita decir si un niño hace un uso adecuado o excesivo de los videojuegos.

Lo realmente importante es observar si el juego comienza a desplazar otras actividades necesarias para su desarrollo o si empieza a afectar a su estado de ánimo, a la convivencia familiar, al colegio o a sus relaciones con los demás.

Algunas señales de alerta

Puede ser recomendable consultar cuando aparecen situaciones como:

Dificultad para dejar de jugar cuando se le pide.

Enfados intensos o irritabilidad al interrumpir la partida.

Pérdida de interés por actividades que antes disfrutaba.

Descenso del rendimiento escolar.

Alteraciones del sueño.

Aislamiento progresivo o menor interés por las relaciones presenciales.

Uso casi exclusivo de los videojuegos para relajarse o sentirse mejor.

¿Qué puede haber detrás?

En ocasiones los videojuegos son simplemente una afición. En otras, pueden convertirse en una forma de escapar de preocupaciones, de aliviar la ansiedad o de evitar situaciones que al niño le resultan difíciles en su vida cotidiana.

Por eso, antes de centrarse únicamente en limitar el tiempo de pantalla, es importante comprender qué función están cumpliendo los videojuegos y qué necesidades pueden estar cubriendo.

¿Cuándo conviene consultar?

Es recomendable solicitar una valoración cuando el uso de los videojuegos provoca conflictos continuos en casa, interfiere en la vida escolar o social del niño o da la sensación de que ha dejado de ser una actividad de ocio para convertirse en la única forma de sentirse bien.

Cuanto antes se comprendan los factores que están manteniendo esta situación, más sencillo suele resultar ayudar al niño y a su familia.

Madre conversando con su hijo adolescente mientras sostiene un mando de videojuegos en un ambiente tranquilo y de confianza.

Comprender qué función cumplen los videojuegos en la vida del niño o del adolescente permite establecer límites más eficaces y favorecer un uso saludable de las tecnologías.

Intervención psicológica

El objetivo no consiste simplemente en prohibir los videojuegos.

Lo más importante es comprender por qué el niño necesita jugar de esa manera, fortalecer otros recursos para afrontar las dificultades del día a día y ayudar a la familia a establecer unos límites claros, realistas y adecuados a su edad.

Psicóloga infantil en Barcelona

Si el uso de los videojuegos o de las tecnologías está empezando a generar preocupación en casa, una evaluación psicológica puede ayudar a comprender qué está ocurriendo y qué estrategias pueden resultar más útiles para vuestro hijo.

Cada niño utiliza los videojuegos por motivos diferentes. Conocer qué papel desempeñan en su vida permite intervenir de una forma mucho más ajustada y eficaz.

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