FOBIA SOCIAL

Es normal que algunos niños sean más tímidos que otros o que necesiten un tiempo para sentirse cómodos en situaciones nuevas. Sin embargo, cuando el miedo a ser observado, juzgado o hacer el ridículo es tan intenso que interfiere en su vida diaria, podemos encontrarnos ante una fobia social o trastorno de ansiedad social.

Los niños y adolescentes con fobia social no evitan relacionarse porque no les guste estar con otras personas. En realidad, muchos desean participar y hacer amigos, pero la ansiedad les hace vivir determinadas situaciones como una experiencia muy difícil. Hablar en clase, responder a una pregunta del profesor, iniciar una conversación, comer delante de otras personas o asistir a una fiesta puede generar un intenso malestar.

Con frecuencia aparece un miedo persistente a ser evaluados negativamente, a equivocarse o a hacer el ridículo. Como consecuencia, el niño o el adolescente comienza a evitar aquellas situaciones que le producen ansiedad. Aunque esta evitación proporciona un alivio inmediato, con el tiempo suele hacer que el problema se mantenga e incluso aumente.

La fobia social suele comenzar al final de la infancia o durante la adolescencia y, si no se trata, puede afectar a las relaciones sociales, al rendimiento académico, a la autoestima y al bienestar emocional.

Niño con fobia social en el colegio sintiendo ansiedad mientras observa a otros compañeros relacionarse.

La fobia social puede hacer que un niño o un adolescente viva con un intenso miedo a ser juzgado, dificultando sus relaciones, la participación en clase y su bienestar emocional.

¿Cómo puede manifestarse la fobia social?

Las manifestaciones pueden variar de un niño a otro, aunque algunas de las más frecuentes son:

Miedo intenso a hablar delante de otras personas.

Vergüenza excesiva en situaciones sociales o escolares.

Dificultad para iniciar conversaciones o hacer nuevos amigos.

Evitación de cumpleaños, excursiones, actividades de grupo o reuniones sociales.

Preocupación constante por hacer el ridículo o cometer errores.

Rubor, temblores, sudoración o sensación de bloqueo cuando tiene que intervenir delante de otras personas.

Tendencia al aislamiento o a reducir progresivamente las relaciones sociales.

¿Cuáles pueden ser las causas?

La fobia social suele tener un origen multifactorial. Entre los factores que pueden favorecer su aparición se encuentran:

Un temperamento especialmente inhibido o sensible.

Experiencias de rechazo, burlas o acoso escolar.

Baja autoestima.

Perfeccionismo o elevada autoexigencia.

Acontecimientos vitales estresantes.

Antecedentes familiares de trastornos de ansiedad.

Psicóloga infantil trabajando con un niño y su madre durante el tratamiento psicológico de las obsesiones y compulsiones.

Con una evaluación adecuada y un tratamiento adaptado, los niños con obsesiones y compulsiones pueden aprender a manejar la ansiedad y recuperar su bienestar emocional.

¿Cuándo conviene consultar?

Es recomendable solicitar una valoración psicológica cuando el miedo a las situaciones sociales limita la vida del niño o del adolescente, dificulta sus relaciones con los demás, afecta a su rendimiento escolar o le impide disfrutar de actividades propias de su edad.

Una evaluación psicológica permite comprender qué factores están manteniendo la ansiedad y diseñar un tratamiento adaptado a las necesidades de cada niño, su familia y su entorno escolar.

 

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