Mi hijo no me cuenta lo que le pasa

Una de las frases que más escucho en consulta es:

«Le preguntamos qué le ocurre y siempre nos dice que nada.»

Muchos padres llegan preocupados porque sienten que algo ha cambiado en su hijo. Lo notan más irritable, más nervioso, más triste o más dependiente. A veces no saben explicar exactamente qué les preocupa, pero tienen la sensación de que algo no va bien.

Sin embargo, cuando intentan hablar con él, se encuentran con respuestas breves, silencios o un simple:

«No lo sé.»

Y eso suele generar mucha impotencia.

Estamos acostumbrados a pensar que cuando alguien sufre puede explicar lo que le pasa. Pero los niños no siempre funcionan así.

Dibujos infantiles, cuadernos y material escolar sobre una mesa familiar en un artículo sobre malestar emocional infantil

Los niños no siempre expresan lo que sienten con palabras. A veces lo muestran a través de sus dibujos, sus juegos o cambios en su comportamiento.

Los niños no siempre saben poner palabras a lo que sienten

Reconocer y explicar las propias emociones es algo que se aprende poco a poco.

Muchos niños sienten malestar sin entender exactamente qué les ocurre. Pueden sentirse preocupados, tristes, enfadados o inseguros sin ser capaces de identificarlo con claridad.

Por eso, cuando un adulto les pregunta qué les pasa, no siempre están evitando la respuesta. En muchas ocasiones, simplemente no la saben.

Cuando el malestar se expresa a través de la conducta

Los niños suelen comunicar mucho a través de su comportamiento.

Algunos se muestran más irritables de lo habitual. Otros tienen rabietas más intensas, discuten constantemente o parecen enfadarse por cualquier cosa.

También puede ocurrir lo contrario. Hay niños que se vuelven más callados, pierden interés por actividades que antes disfrutaban o prefieren pasar más tiempo solos.

Otros necesitan más compañía, buscan constantemente la cercanía de sus padres o tienen dificultades para separarse de ellos.

La forma en que aparece este malestar también cambia con la edad. Los niños pequeños suelen expresarlo a través del llanto, las rabietas o conductas regresivas. A medida que crecen pueden aparecer miedos, inseguridad, dificultades de concentración o preocupaciones excesivas. En los preadolescentes y adolescentes es frecuente que el malestar se manifieste mediante irritabilidad, aislamiento o una pérdida de interés por actividades que antes resultaban importantes.

Con frecuencia, la conducta que más preocupa a los adultos es precisamente la forma que tiene el niño de mostrar que algo no va bien.

Cuando el cuerpo habla

No siempre es el comportamiento lo que cambia.

A veces son las molestias físicas las que llaman la atención de la familia.

Dolores de barriga, dolores de cabeza, náuseas, cansancio o dificultades para dormir pueden aparecer sin que exista una explicación médica clara.

Esto no significa que el niño esté fingiendo ni que las molestias sean imaginarias. El sufrimiento es real.

Lo que ocurre es que, en algunas ocasiones, el cuerpo expresa aquello que el niño todavía no puede expresar con palabras.

Por eso, cuando las quejas físicas son frecuentes y las revisiones médicas no encuentran una causa que las explique, también puede ser útil preguntarse cómo se encuentra el niño a nivel emocional.

Más allá del «¿qué te pasa?»

Cuando percibimos que nuestro hijo está sufriendo, es natural intentar averiguar qué ocurre.

Sin embargo, insistir una y otra vez con preguntas directas no siempre ayuda.

Algunos niños necesitan tiempo. Otros se expresan mejor mientras juegan, dibujan o comparten una actividad con un adulto de confianza.

Muchas veces resulta más útil observar que interrogar.

Observar qué ha cambiado, cuándo aparecen las dificultades, qué situaciones parecen afectarles más o en qué momentos se encuentran mejor.

Comprender antes de corregir

Cuando una conducta genera problemas en casa o en el colegio, es normal querer que desaparezca cuanto antes.

Sin embargo, antes de centrarnos únicamente en corregirla, puede ser útil preguntarnos qué hay detrás.

Las conductas tienen un significado. A veces no son el problema principal, sino la manera que tiene el niño de expresar algo que todavía no sabe explicar de otra forma.

Comprender qué está ocurriendo suele ser el primer paso para poder ayudarle.

Familia conversando durante la cena mientras un niño responde con un gesto de incertidumbre

Muchos niños tienen dificultades para expresar con palabras aquello que sienten o les preocupa.

¿Cuándo conviene pedir ayuda?

Todos los niños atraviesan momentos difíciles. No cualquier cambio de comportamiento indica que exista un problema psicológico.

Sin embargo, conviene prestar atención cuando las dificultades se mantienen durante semanas, generan sufrimiento o empiezan a afectar a diferentes áreas de la vida del niño.

También puede ser recomendable consultar cuando aparecen regresiones evolutivas, un aislamiento progresivo, una pérdida marcada de interés por actividades que antes disfrutaba o molestias físicas frecuentes sin una explicación médica clara.

Más allá de un síntoma concreto, suele ser importante observar si el niño está dejando de disfrutar, si sus relaciones se resienten, si el rendimiento escolar se ve afectado o si el malestar ocupa cada vez más espacio en su vida cotidiana.

Escuchar lo que no siempre se dice

A veces los niños no encuentran las palabras para explicar lo que sienten.

Pero eso no significa que no estén intentando comunicarlo.

Con frecuencia lo hacen a través de sus juegos, de sus dibujos, de su comportamiento o incluso de las molestias físicas que aparecen sin una causa aparente.

Aprender a escuchar esas formas de expresión puede ayudarnos a comprender mejor lo que les está ocurriendo y a acompañarlos de una manera más ajustada a lo que necesitan.