Cómo expresan las emociones los niños según su edad

Muchos padres se sorprenden cuando un comportamiento que parecía haber desaparecido deja paso a otro completamente distinto.

El niño que a los cuatro años montaba grandes rabietas puede convertirse unos años después en un niño lleno de preocupaciones. Y aquel que antes contaba todo lo que le ocurría puede llegar a la adolescencia respondiendo con un simple «bien» cuando le preguntan cómo está.

A veces esto genera inquietud. Parece que el problema cambia constantemente. Sin embargo, en muchas ocasiones lo que cambia no es tanto el malestar como la forma de expresarlo.

Peluche, mochila escolar y auriculares sobre una estantería representando distintas etapas del desarrollo infantil y adolescente.

La forma de expresar las emociones cambia a medida que los niños crecen y adquieren nuevas formas de comprender y comunicar lo que sienten.

Entre los 2 y los 5 años: cuando las emociones salen directamente hacia fuera

Los niños pequeños todavía están aprendiendo a entender lo que sienten.

Cuando algo les frustra, les asusta o les preocupa, suele aparecer rápidamente en su comportamiento. Las rabietas, el llanto, la oposición o las dificultades para separarse de los padres forman parte de las maneras más habituales de expresar malestar durante estos años.

También es frecuente que, en momentos de estrés o de cambio, aparezcan pequeñas regresiones. Algunos niños vuelven a pedir ayuda para cosas que ya hacían solos, reclaman más contacto físico o necesitan una mayor cercanía de los adultos.

Aunque estas situaciones pueden preocupar a las familias, en la mayoría de los casos forman parte del desarrollo normal.

Entre los 6 y los 10 años: aparecen las preocupaciones

A medida que los niños crecen empiezan a pensar más sobre sí mismos y sobre lo que ocurre a su alrededor.

El colegio, las amistades, la opinión de los demás o el miedo a equivocarse adquieren cada vez más importancia.

Es una etapa en la que pueden aparecer inseguridades, preocupaciones excesivas, perfeccionismo o dificultades para concentrarse.

Algunos niños también expresan el malestar a través del cuerpo. Dolores de barriga antes de ir al colegio, dolores de cabeza frecuentes o problemas para dormir son motivos de consulta relativamente habituales.

A partir de los 11 años: cuando las emociones se vuelven más difíciles de leer

La preadolescencia y la adolescencia traen consigo muchos cambios.

Los amigos adquieren un papel central, aparece una mayor necesidad de intimidad y las opiniones de los adultos dejan de tener el mismo peso que tenían durante la infancia.

Cuando existe malestar emocional, no siempre resulta fácil detectarlo.

A veces aparece en forma de irritabilidad. Otras veces como aislamiento, pérdida de interés por actividades que antes disfrutaban o una tendencia a encerrarse cada vez más en sí mismos.

Muchos adolescentes hablan menos de lo que sienten. No necesariamente porque no quieran ayuda, sino porque están intentando comprender por sí mismos lo que les ocurre.

Por eso, en esta etapa, los padres a menudo tienen la sensación de haber perdido parte de la información que antes recibían de forma espontánea.

Más importante que la conducta es el cambio

Cuando los padres preguntan si una conducta es normal para una determinada edad, la respuesta casi siempre depende del contexto.

Más que fijarnos únicamente en el comportamiento, suele ser útil preguntarnos qué ha cambiado.

¿Ese niño siempre ha sido así o estamos observando algo nuevo?

¿Se trata de una reacción puntual o lleva meses ocurriendo?

¿Está afectando a su vida diaria?

La intensidad, la duración y el impacto del problema suelen aportar más información que la conducta aislada.

Niño pequeño, niño en edad escolar y adolescente caminando junto a un adulto por un camino rodeado de naturaleza.

La forma de expresar las emociones cambia a medida que los niños crecen y atraviesan distintas etapas del desarrollo.

Cada niño tiene su propia manera de expresar lo que siente

No todos los niños reaccionan igual.

Algunos hablan con facilidad de sus emociones. Otros necesitan más tiempo. Algunos expresan lo que sienten a través de palabras y otros lo hacen mediante el juego, los dibujos o determinados comportamientos.

Por eso las comparaciones suelen ayudar poco.

Comprender cómo cambian las formas de expresar el malestar a lo largo del desarrollo permite mirar muchas conductas con más perspectiva y menos alarma.

Las emociones no cambian tanto. Lo que cambia es la forma en que los niños consiguen mostrarlas.